What's WAM?
 
CONTRIBUTIONS: RICARDO DAZA

This article is 2713 words long.
Key words: Loos. Casa Willy Kraus.



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ENGLISH SUMMARY

Abstract:

In this picture, we can see a fragment of the interior of Mr Kraus's house: a piece of furniture, a column, and a door which may be seen reflected in a mirror. Adolf Loos gives us warning about his photographs of interiors: "[...] I am against taking pictures of interiors, the result is something completely different. Some architects's interior designs are not meant to be livable, but to look beautiful in a picture [...]"

This visit to Willy Kraus's home is an attempt to attain that interior from a different route, perhaps from the opposite route, from that mysterious door. Let's go in, then:


AUTOR

Ricardo Daza Caicedo.

Nace en Bogotá el 26 de agosto de 1965. Aspirante a arquitecto por la Universidad Nacional de Colombia. Aspirante a maestro por la Universidad Politécnica de Barcelona. Supuesto profesor del Universidad de los Andes y de la Universidad Nacional de Colombia. Dedicado en sus ratos libres, que son la mayoría, a la contemplación, a la perplejidad y al asombro.

 
Visita al "interior" de la casa Willy Kraus.
por Ricardo Daza, Arquitecto


RESUMEN
La fotografía nos muestra un fragmento del interior de la casa del Señor Kraus: un mueble, una columna y una puerta duplicados en el espejo. Adolf Loos nos previene acerca de las fotografías de sus interiores: ".. soy contrario a fotografiar "interieurs", sale algo totalmente distinto. Hay arquitectos que realizan interiores, no para que el hombre viva en ellos, sino para que aparezcan bonitos en el momento de fotografiarlos..."

La visita a la casa Willy Kraus es un intento de llegar a ese interior por otra parte, quizás por su reverso, por esa puerta misteriosa. Aproximémonos pues, a ella:

Interior de la casa Willy Kraus, Loos, 1930
Interior de la casa Willy Kraus, reformada por Adolf Loos en 1930. Pilsen, Checoslovaquia.


".. Soy contrario a fotografiar 'intérieurs'. Sale algo totalmente distinto. Hay arquitectos que realizan interiores, no para que el hombre viva en ellos, sino para que aparezcan bonitos en el momento de fotografiarlos. Se trata de las denominadas arquitecturas dibujadas que, con su yuxtaposición mecánica de líneas de sombra y de luz, corresponden mejor otra vez a un aparato mecánico, o sea, aquí, a una cámara oscura.

Por las fotografías o reproducciones no pueden juzgarse de ninguna manera mis proyectos de vivienda. Estoy convencido que en las fotografías aparecen miserables, sin ningún efecto.

Pues la fotografía desmaterializa cuando justamente quiero que las personas sientan la materia en mis habitaciones, alrededor suyo, que actúe sobre ellas, que reconozcan el espacio cerrado, que sientan la materia, la madera, que puedan realmente percibirla sensorialmente, mediante su cara y su sentido del tacto, que puedan sentarse cómodamente y que sientan la silla en una gran superficie de su tacto corporal periférico y digan: aquí uno pude sentarse perfectamente. ¿ Cómo puedo demostrarle a alguien, para que lo experimente, a partir de una fotografía, demostrarle a quien ve esa fotografía lo bien que uno se sienta en esa silla mía tan bien fotografiada?..."

Lentamente mis ojos se cerraron y el suave viento que acariciaba mi rostro se fue convirtiendo en una fuerte ventisca, contra la que yo luchaba e intentaba abrirme paso, a lo lejos se divisaba un lugar extraño que parecía reclamar mi presencia. Las primeras imágenes de aquel paraje comenzaban a mezclarse con las de mis recuerdos; había oído hablar del encanto de Praga y me encontraba aún preso en los libros de aquel gran escritor, -divagaba- y en ocasiones llegue a compararme con un personaje solitario caminando en uno de sus cuentos. Pero mi camino tenía otra dirección, vaya camino ruinoso aquel que había recorrido para llegar a Plisen, esa ciudad pequeña, remota, cuya única imagen era la casa del Señor K. Llegue a eso de las siete de la tarde y decidí esperar a la mañana siguiente para hacer la visita, el cansancio del viaje y esa preocupación constante no se alejaban de mi cuerpo. ¿ Qué fuerza extraña me había dispuesto allí?. Aún sentía un dejo del viento en contra y de mi dificultad para respirar ese aire enrarecido y pesado. Mil novecientos treinta era un año del que se sabía bien poco; nombres, fotografías y algunos libros formaban parte del baúl mohoso de mi memoria, esos recuerdos se mezclaban en mi mente y no podía separarlos, parece, que estaba condenado a vivir con la superposición azarosa de unos con otros. Pero al confrontarlos con aquel espacio, al tomar los recuerdos y ponernos cara a cara con su tiempo, en mi cuerpo se sentía el dolor de una herida profunda y el sabor amargo de una leve sospecha, ver tristemente como distorsionados los hechos, reinventando historias sobre ellos, alejándonos cada vez más de aquel velo impenetrable que recubre su verdad.


Pero allí me encontraba, temeroso de una nueva distorsión, caminando a ciegas, pero su nombre, el nombre del "Baumaister" seguía rodando en mi cabeza, pensamientos entrecruzados, "breves frases nunca oídas". ¿ Qué encerraba aquella época?. ¿ Cómo y por qué había surgido aquel hombre?. Mi mente se paseaba por estas cuestiones, mientras me acercaba al hotelito encantado en el que pasaría la noche. Al verle pensé en mi ropa y a pesar de la distancia en el tiempo, me sentí identificado con esa casita de muñecas; ya había sido el hazme reír de medio Pilsen, con mis ropas de colores y señales, la bandera de mi país hubiese llamado menos la atención que esas ropas que me hacían tan originales. Y de repente una de sus frases pasó por mi mente, ".. El hombre que se viste de manera pintoresca no es pintoresco, sino un payaso. El campesino no viste de manera pintoresca, sino que lo es ".

Vaya primera lección de este cuento, de payaso en carne propia.

La exageración exterior no es símbolo de grandeza, desconfiemos de los hombres pintorescos había oído decir a alguien por ahí, o le había leído, la verdad no lo sabía, en este cuento como en todos, la ficción y la realidad se superponen y a veces resulta difícil distinguir entre una y otra; acaso no le había parecido a algún gran escritor de esta época, mucho más real París en los textos de Baudelaire que cuando había visitado París. Supongo que esa es la ficción propia de la realidad, pero lo único claro en esta ficción- realidad, era que al verme reflejado en el hotelito, del que había que desconfiar no era de otro, sino yo.


Decidí cambiarme de ropas, al día siguiente quería pasar desapercibido en la visita, o al menos disimular frente al Señor K. Mi gusto exagerado y llamativo, quizás podría engañarle, me preocupaba más la posible presencia de un espejo en su casa, al verme, mi cara no podría esconderme por más tiempo y él detectaría tras el velo, la mentira, el error. Era mejor no pensar en ello, mejor intentar dormir y esperar un nuevo día, mi cansancio era tal, que deje a la noche hacer su trabajo y mi cuerpo horizontal paso a formar parte de la colección de innumerables objetos y muebles retorcidos que decoraban el hotelito, y que en mi estado no había percibido, tan sólo el sueño como intérprete lejano registraría esa suerte de amasijo que en esa noche profunda cobraron vida.

La luz del ángel escarlata de la mañana soltó mi sueño y en un abrir y cerrar de ojos fui reconociendo la habitación que había sido testigo y culpable de una nueva pesadilla, y al verla, no dejo de decirlo con cierto rubor, me sentí identificado con toda esa parafernalia de objetos recién envejecidos, esa recolecta de cosas prestadas y decoradas, símbolos nostálgicos que sustituyen la vida. Aquellas imágenes que parecían tan antiguas, convirtieron mi sueño en pesadilla y por un instante me devolvieron al presente. Pensé en mi casa, pensé en la casa, ese refugio-guarida. ¿Había cambiado algo, de veras había cambiado algo?, me sentía diferente a aquellos hombres, sin embargo al ver la habitación, al ver la distribución del hotelito note que a pesar de la transformación en las costumbres, en los hábitos, bien poco había cambiado en el hacer la casa en nuestros días, sin embargo, quería ver algún intento en el pasado, un intento quizás desesperado y allí entendí el por qué de mi visita.

Varios textos se conjugaron al unísono en mi mente y preferí dejar el verbo "habitar" para más tarde, de hecho él me esperaba.

En el baño, frente al espejo, afeité mi cara, quería borrar cualquier rastro de otro tiempo y mientras mi mano se deslizaba cuidadosa, evitando una nueva herida, en mi interior una voz resonaba diciendo; "Serias y Solemnes", "Serias y Solemnes".

Calle Bendgasse 10, esa era la dirección que me esperaba, no fue difícil encontrarla, dos o tres preguntas fueron suficientes, llegue a creer que todo Pilsen se sabía de la casa del Señor K. De camino hacia ella una brizna de sudor, afloró en mi frente, me sentía incómodo con el traje escogido, no tenía nada que ver con su hechura, todo lo contrario, me ajustaba perfectamente, lo incómodo quizá estaba en que jamás me había vestido a la manera de otro tiempo. Me detuve frente a la puerta principal, pero a pesar de mi elegancia sabía que por allí no podría entrar, esa puerta no estaba reservada para mí, con qué derecho venía a escudriñar en esta época, que me daba la propiedad para hablar de ella, a caso, ¿el cumplir con la tarea y la lectura de tres de sus textos?. Una vez aquí ya no había vuelta atrás. La puerta de servicio era mi entrada, si vamos a soñar al menos dejarlo bien claro. ¡Para los soñadores de cuentos, la puerta que corresponde es la del servicio!. Alejé mis atormentados pensamientos y llamé a esa puerta, no hubo necesidad del espejo, ya estaba delatado, el Señor K. Me miró y en su mirada pude ver que veía en mi una caricatura de otro tiempo, su risa se sostuvo por pura cortesía y me invitó a pasar, muy curioso de este personaje disfrazado y en su tiempo.

Desde el vestíbulo pude divisar las tres puertas, una de ellas conducía al final de mi destino, la imagen de su revés en un espejo, vino y desapareció fugazmente, ¿acaso había visto yo, en el presente ese recuerdo?. Un gesto del Señor K. Me alejó del pensamiento, su mano señalaba hacia la puerta del centro, un marco de caoba brillante la bordeaba y definía el umbral de mi viaje a su través.

"El que quiera hablar que de un paso al frente y se quede callado", eso debí haber hecho desde el comienzo; pues que remedio, un paso al frente y, es cierto, no tuve más que callar; el Señor K. Me miraba sorprendido, no podía creer que ni una sola palabra saliera de la boca de este personaje venido del futuro, así, el futuro guardó silencio, como siempre lo ha hecho, ante su imposibilidad, - en el presente miramos al pasado, escarbando entre sus ruinas.

Y allí estaba yo, escarbando, quizás buscando algo que se había perdido o mejor que no había comprendido, precisarlo tal vez sea imposible, al menos, rasguñarse en el intento; nuevamente mi pensamiento me jugaba malas pasadas, culpables tal vez mis ojos ciegos, encandilados con las vetas y reflejos del mármol cipolino.

El Señor K. Al ver la palidez de mi rostro y mi repentino estupor, me tomó del brazo y me hizo sentar en una de las sillas del comedor que suavemente se posaba en una alfombra muy tupida. Todo aquello producía en mí una sensación de bienestar y al mismo tiempo de intranquilidad, acostumbrado a madera barata y porcelana de segunda, sentía ciertas reservas, no dejo de decirlo, una cierta envidia entristecida se dibujaba en mi rostro, sin embargo, había tal calidez y se notaba tal cuidado por los objetos y materiales escogidos que poco a poco fui entrando en un estado tan placentero, una cierta embriaguez, que tan sólo experimentamos con ciertas texturas que sin duda nos recuerdan aquella piel que extrañamos.

Mientras bebía el trago amargo que muy amablemente el Señor K. Me había ofrecido para reanimarme, mi cuerpo lentamente comenzó a ser consciente del objeto que le sostenía y una nueva frase acompañó el último trago de aquella bebida;"... Pues no se trata de lograr una nueva silla, sino aquella silla que corresponda a los cambios ocurridos en nuestro sistema nervioso". No quise levantarme, pero un ademán del Señor K. Me llevó a otra silla y en un cómodo silencio le escuche contar la manera en que reformó aquel espacio, mientras le oía pensaba en la pregunta que el "Baumaister" le hacia a sus huéspedes: "¿..Queréis pues que nuevos muros de mármol y de madera distraigan del maravilloso paisaje que se contempla desde esta ventana?, ¿Acaso no entendéis que es justamente la simplicidad de estas paredes a reforzar la que da la impresión de este interior?". Miré la ventana que se hallaba a mi izquierda, no había sido consciente de ella hasta ese momento, no se qué extraña imagen vino de nuevo a mi mente, un brillo intenso se duplicaba sobre un plano de líneas ondulantes, mi mirada rápidamente se desvió a la derecha y en su girar vi una luz que atravesaba la ventana y se instalaba en las vetas de la pilastra revestida de mármol, por un instante mis ojos se entreabrieron, pero en su cerrar vi mi cara reflejada en el espejo y volví a entrar en este cuento y vi como mi figura se perdía en una perspectiva infinita de la que no saldría mientras me encontrase allí, estaba atrapado, en un laberinto de espejos enfrentados...

Decidí levantarme huyéndole al espejo, alcé la vista intentando escapar de su reflejo y me ahogué invertido en las aguas del cielo raso de caoba cristalino. En silencio navegaba por las superficies del espacio en el que me encontraba protegido, baje la vista y en mis manos aún sostenía aquel vaso de vidrio, me dispuse a dejarlo sobre una de las vitrinas bajas que definían la división invisible entre el comedor y el salón, al soltarle, mire mis manos y mientras las observaba, por mi mente se escuchaba, <<.. De las diferentes asas ornamentales de nuestras vasijas hemos obtenido en el transcurso de los últimos decenios, uno tras otro, callos renacentistas, barrocos y rococós>>, en un acto reflejo cerré mis manos.

El Señor K. Impaciente, quiso romper mi silencio con preguntas acerca de la casa en el futuro. ¿Pero acaso tenía yo algo que decirle de la casa en el presente?.

Un ruido leve sorprendió mis oídos y pensé en las palabras del "Baumaister", pensé en sus comentarios, en sus frases cortas, contundentes, pense en nuestra ceguera, en lo poco que le habíamos comprendido, estando en aquel interior y viendo la simplicidad de esos muros y de los muebles no dejé de sentirme aludido con su comentario,"... Pues hasta el hombre más miserable tendrá cuidado en no decorar una superficie de madera noble con marquetería, en no grabar un panel de mármol, con sus juegos de vetas tan curiosos, en no recortar a cuadrados una piel de zorro plateado para componer un dibujo de tablero de ajedrez con otras pieles". Vaya si habíamos olvidado su simpatía por el material legítimo y no imitador de otro, pensé en lo útil que sería aplicar la ley del principio del revestimiento en nuestros días, pero eso era tan sólo un iluso pensamiento. Un viento suave acompañaba el ruido que poco a poco comenzaba a incrementarse.

Ante la mirada atónita del Señor K. Me movía complacido por aquel espacio, las frases recordadas comenzaban a tener sentido con lo observado y palpado, por un instante sentí la necesidad de quedarme allí por largo tiempo,"... La cosa plana, bonita, tan agradable al tacto, es la mejor ornamentación. Pero esto no gusta a la gente. Quiere tener algo complicado, fatigoso. Por consiguiente aún vivimos en condiciones africanas. ¡La edad media!". ¿La edad media?, vaya paradoja la que nos había jugado el tiempo. Pensaba en esto mientras mis manos se deslizaban sobre la lisa superficie de madera de arce del armario empotrado, pero aquel viento cobraba fuerza y dejaba oír el ruido de unas aspas girando velozmente, que al parecer exigían mi regreso.

El Señor K. Muy molesto me pidió que me marchara, ya había suficiente con venir a revolcar en su pasado, de mí no había sacado nada, tan solo mi silencio.

Un poco entristecido sabía que tenía que dejar este ficticio cuento, sin embargo en esta visita al menos había entendido, que hay que aprender a mirar y leer con más cuidado las obras y los textos del personaje escogido. Personaje, que sin lugar a dudas, supo por aquellos días "construir su pensamiento".

Y, así, con una última mirada a su recinto, de espaldas a la puerta principal me dejé llevar por el fuerte viento ahora confundido con el ruido. Desperté. Desperté definitivamente, el aire del ventilador en su ir y venir, limpiaba el leve sudor de mi frente, me encontraba en una calurosa tarde de verano, entre mis manos sostenía la fotografía de un interior loosiano. Habían transcurrido dos mese y tenía que sentarme a escribir algo serio sobre esa fotografía.

Una última frase de Adolf Loos fuera de aquel sueño apareció repentinamente y con fuerza me oprimió el pecho.

"¡ Basta de fiestas mequetrefes, basta de bromas!. Quisiera acabar con las bufandas en arquitectura".

- Afortunadamente todo había sido un sueño -.

Sin embargo, sin embargo; el dolor no se alejaba de mi pecho.



Ricardo Daza Caicedo, Architect
Transversal 39 nº44-45 Aptº 310
Bogotá, Colombia

rdaza@zeus.uniandes.edu.co




Todas las citas que se encuentran entre comillas fueron extraídas de:
Loos, A., "Dicho en el Vacío", Colección de Arquilectura, Colegio Oficial de Aparejadores de Murcia, (fecha).
Loos, A., "Escritos II 1910-1932", El Croquis Editorial, Madrid, 1993.


Fuente de la fotografía:
Gravagnuolo, B., "Adolf Loos, Teoría y Obras", Ed. Nerea, Madrid,1988.







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